Carlos A. Soto Vásquez (23/09/2012)
Cada día los
noticieros, diarios y revistas, el twiter y el facebook, nos ofrecen denuncias,
comentarios, opiniones, entre otros, acerca de delitos, falsedades, engaños y
triquiñuelas en la sociedad humana. Esta situación deprime al mas tranquilo y
pacífico de los mortales, ¿Qué podemos esperar del futuro? ¿Cuál va a ser la
actitud de mis familiares por lo que veo o escucho de lo que está pasando con
otros? ¿Cuáles deben ser mis precauciones frente a esta situación que enfrenta
hoy la humanidad?
Son muchas las
interrogantes que surgen al respecto. No voy a ofrecer una respuesta a cada una
de ellas, y menos aún ofrecer recetas. Solo me permito, con el permiso de
ustedes, ofrecerles un motivo de reflexión e invitarles a elegir lo más
recomendable a seguir.
Iniciaremos
señalando cuestiones que no podemos ignorar y que nos ayudan a reflexionar,
para mejorar la calidad humana, y obtener así LA DIGNIDAD que nos merecemos.
En todas partes, a
lo largo de la historia humana, hemos tenido agoreros, chamanes, videntes o
futuristas. Todos ofreciendo imaginativas y controversiales versiones de
acontecimientos por venir, los que nunca sucedieron como fueron pronosticados.
Esto, nos recuerda
lo que nos narra el Profeta Daniel (Dan. 14,1-23). Por su naturaleza, los
humanos siempre hemos querido saber nuestro futuro, para sentirnos”seguros”,
pero se trata de un asunto que no se puede establecer con precisión. De ahí
que, las predicciones acerca de sismos, cataclismos, logros, triunfos, etc.
Ninguno ha sido vaticinado con exactitud. ¿Por qué? Jesucristo mismo señaló:
“De aquél día y de aquella hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo, ni el
Hijo, sino solo el Padre” (Mt. 24,36)
Entonces, ¿Podemos
creer en los agoreros? Definitivamente, ¡NO! Son solo personas que engañan y
viven de las mentiras que expresan o
anuncian. Sólo Dios Padre conoce la situación para el universo, para el
hombre y todo lo que existe.
Otra manera de
encontrar el verdadero sentido de nuestra vida, es analizar ¿Qué pasa con los
mensajes publicitarios? Estos mensajes, nos presentan argumentos para
ofrecernos los beneficios y mejores estándares de vida, como el siguiente: “Solo
con su tarjeta de crédito puede adquirir…. Y solo la tienen los exitosos…
¡ADQUIERA LA SUYA !”.
Este es un instrumento, que tiene muchos bemoles por esclarecer.
Las entidades
financieras ofrecen el uso de las tarjetas para “aligerar y aliviar” la vida,
para “proteger la economía personal”,
entre otras explicaciones. Pero, no presentan con claridad los entretelones del
uso de las tarjetas, como éstos: Las tasas de interés que cobran, los pagos
adicionales por mora, por su uso, servicio de tarjeta, comisiones y gastos,
interés crédito a financiar, redondeo, etc., y así, una serie de inimaginables
ítems por pagar.
Lo más grave en
cuanto a las tarjetas de crédito, es que en muchos casos, hay personas ¡Que
nunca la solicitaron! Menos aún, ojo, ¡La usaron! Sin embargo, de pronto, sin
haberlas pedido y ni siquiera usado, les llega a su domicilio un Estado de
Cuenta, donde se consigna un rubro inesperado “Mantenimiento de Cuenta por
valor de… “. Si bien es cierto, son centavos de la moneda en uso, podemos
colegir que es una insignificancia; sin embargo, si consideramos un número de
ciudadanos en esta condición de no uso de la tarjeta, que supere las seis (06)
cifras, con dichos reportes; desde luego, ya no son centavos lo que recauda la
entidad financiera, por algo no autorizado ni usado, sino, se trata
de cientos de miles o millones de monedas que mensualmente exigen les paguen.
Esta es una mala práctica de las entidades financieras.
Ahora bien, ¿Qué
pasa si alguna persona se niega a pagar esos reportes? La desacreditan en el
sistema financiero nacional o internacional, o le inician un juicio u otro
proceso para obligarla a pagar. ¿A mérito de qué? ¡Ah! Porque como me dijo en
alguna ocasión un asesor legal de un banco comercial, “… nosotros nos podemos
equivocar porque somos el banco…”. Los ciudadanos no podemos equivocarnos o
fallar, pero las entidades bancarias y las financieras ¡SI! Amigos, eso se
conoce como ¡ROBO!
Lo que hacen las
financieras con las tarjetas de crédito, es un delito que la “democracia”, el
gobierno de turno, el congreso de la república, con sus omisiones o política
del avestruz, avala; en buena cuenta, con el proceder de éstos últimos, son
cómplices de éste atropello. La publicidad esgrimida por los medios a favor de
las “tarjetas de crédito”, ¡NO ES VERAZ! ¡ES FALAZ! Una verdadera estafa
pública.
Nos parece que es
lógico obtener un beneficio si existe un acuerdo de las partes; pero, si no
existe y solo se ejecuta por una de las partes, sin autorización de la otra.
Esto es, ¡UN DELITO DE CUELLO Y CORBATA!
Jesucristo, nos
enseña al respecto, tratándose del dinero y su acumulación en forma avariciosa,
que una acumulación de bienes es motivo de perdición, tal como nos relata
el Evangelio de Lucas (Lc. 12,15-21)
Ahora bien, si la avaricia es un pecado, esta situación es de lo más reprobable
si se encuentra aunada a la estafa y al robo.
Conocemos tantas
historias de gente que pasa su vida acumulando riquezas y pasa toda su vida con
úlceras estomacales, con hipertensión, con vitíligo y sin paz por cuidar y proteger sus bienes. La
vida así, ¡NO ES VIDA! Talvez tenga beneficios en sus negocios, pero ¡NO ES
EXITOSO Y FELIZ!
Somos testigos de
la cantidad de muertes y atropellos que producen por los bienes materiales,
tales como asesinatos, robos, estafas, suicidios, etc. Todos por mensajes
publicitarios engañosos. Así tenemos que, también existen programas televisivos
que por su temática y enfoque son instrumentos engañosos del éxito y del
triunfo personal, que ya están creando perjuicios vitales como el de Ruth
Talía, éste será un tema de gran reflexión a futuro.
Otra de las
cuestiones que nos invitan a la reflexión, son aquellos compromisos que jamás
se cumplen. Posprimeros en transgredir estos compromisos son las autoridades y
representantes públicos. Cuando se encuentran en campaña política, antes de su
elección, son “…los mejores hombres y mujeres”. Son muy cercanos al pueblo…
hasta comen con ellos y hacen “gala” de su identificación con los más débiles.
Sin embargo, una
vez electos y en el poder, o en la función pública... ¡Dejaron de ser
populares! Ahora son una élite aparte, son seres de otro planeta, ya que ya no
vuelven a comer de la carretilla popular, se han ido de las calles sucias y
polvorientas. Sus compromisos, en su nueva situación, ¡No existen más! Ahora
como nuevas autoridades, representantes o funcionarios, hacen lo mismo que
ellos denunciaban como delito funcional o de corrupción. Ahora sus compromisos
son incumplidos bajo las justificaciones más inverosímiles.
¿Qué hacer con
esta situación?
Primero. Hacer un
alto frente a lo que se nos ofrece como lo mejor para nuestra vida, sea alguna
”suerte futura” en el trabajo, el amor, los negocios o lo que sea; exigir a
nuestros representantes que hemos elegido, nuestros derechos y defenderlos
dentro del marco legal, y si en caso no nos atienden o defienden, ¡NUNCA MÁS
ELEGIRLOS! Representantes o autoridades que incumplen no son confiables;
asimismo, evaluar con mucho cuidado las ofertas publicitarias, pues no siempre
son la mejor opción, sino más bien causa
de perdición.
Finalmente, en
este punto, solo podemos conocer a
nuestras autoridades si compartimos la vida con ellos; como es el caso del
“buen vecino”, del amigo que está siempre apoyando, colaborando, gestionando a
favor de los suyos, de su comunidad y del bien común.; no es el “aparecido” de
la nada, que finge ser lo que no es; por ello elijamos el mejor prospecto,
conocido por su praxis, pues por los frutos se conocen lo que son (Mt. 7,20)
Segundo. Reconocer
que SOMOS OBRA DE DIOS. Por ser una obra magnífica creada por Dios, tenemos y
poseemos la dignidad que procede de Dios mismo. Si tomamos conciencia y nos
sentimos DIGNOS, podemos saber distinguir dos cuestiones válidas: LO VERDADERO
y LA NO VERDADERO.
Hagamos pues, uso de los instrumentos que Dios miémonos ha entregado en el
Bautismo o en la ratificación de nuestra identificación con el CREDO que
profesamos, como es el caso del
DISCERNIMIENTO, es decir, distinguir lo bueno de lo malo, lo que nos produce la
alegría o la tristeza, lo que es la verdad o la falsedad.
Solo las personas
con dignidad no se dejan arrastrar o influir por los placebos y los placeres de
la “modernidad” o de la “nueva onda” u otra nominación actual. Antes de aceptar
algo, se reflexiona y luego se decide con las restricciones y observaciones
pertinentes. ¡Nadie puede obligar a nadia a aceptar o hacer lo que no se desea!
Si se siente obligado, ¡ES COACCIÓN!
Entonces,
reconozcamos que somos la obra más maravillosa de Dios. Cada persona, en la
condición que sea, en la circunstancia, experiencia, historia, lugar o tiempo
que sea, ¡SOMOS ÚNICOS! Somos irremplazables, e insustituibles. Somos el arte
más maravilloso de Dios. Todos somos especiales y tenemos un rol, una misión en
ésta vida. Hagamos que esa misión sea conforme al Plan de Dios, bajo los principios de ÉL. ¿Cuál es
el modelo a seguir? ¡JESUCRISTO! Es por eso, que es el CAMINO, su mensaje es la VERDAD y nos enseña comunicándonos VIDA.
Ahora, ya podemos
ser capaces de elegir con mejor y mayor criterio lo que más nos conviene para todos, no solo para nosotros
personalmente. Sabemos que es mejor EL BIEN
COMÚN.
Tercero. Finalmente,
si somos obra de Dios y tenemos dignidad, ¿Qué más tenemos que saber y
reconocer? ¡LOMÁS IMPORTANTE! Cada persona, cada elemento, cada sustancia, cada
ser vivo, cada objeto, es decir cada cosa. Todo lo que existe, vemos, sentimos
y palpamos, ¡ES UN MILAGRO DE DIOS!
Entonces, ¿Cada
persona es un milagro de Dios? ¡SÍ! Por ello tenemos y debemos ser conscientes,
de sentirnos siempre seguros, de ¡SENTIRNOS MILAGROS DE DIOS! Para eso tenemos
que decirnos y expresar con seguridad y firmeza, ¡SOY UN MILAGRO DE DIOS!
Como milagro de
Dios, somos parte de la fuerza energética universal de laceración que
compartimos con los otros milagros de Dios. En ese sentido, la vida no se puede sustituir, reemplazar,
comprar o alquilar; sólo se la puede compartir, ofreciendo nuestras capacidades
y potencialidades en la construcción de
la felicidad de todos. No hacerlo, significa alejarnos de Dios y por ende del
Plan de Dios; pues, somos un milagro en cuanto creación, pero por nuestro libre
albedrío y decisión personal, no somos agentes constructores de la felicidad
plena de la humanidad; en ésta condición nos convertimos en un obstáculo, un
impedimento o una barrera… Todo por nuestro egoísmo o individualismo
personalista.
Entonces,
concluyendo, amigos como OBRA MILAGROSA
DE DIOS, vivamos conforme el mismo Dios
nos exhorta y lo hace siempre a través de su Hijo Amado, JESUCRISTO. Nos
inspira a través del ESPÍRITU DE AMOR. Ahora bien, si somos capaces de vivir
como Milagro de Dios, sabremos elegir y decidir bien. Hagamos pues, un esfuerzo
por VIVIR CON DIGNIDAD
¡DIOS ESTÁ A NUESTRO LADO!
No hay comentarios:
Publicar un comentario