martes, 16 de octubre de 2012

¿LA MENTIRA Y EL ENGAÑO COMO PRAXIS DEL ÉXITO?


Carlos A. Soto Vásquez (23/09/2012)
Cada día los noticieros, diarios y revistas, el twiter y el facebook, nos ofrecen denuncias, comentarios, opiniones, entre otros, acerca de delitos, falsedades, engaños y triquiñuelas en la sociedad humana. Esta situación deprime al mas tranquilo y pacífico de los mortales, ¿Qué podemos esperar del futuro? ¿Cuál va a ser la actitud de mis familiares por lo que veo o escucho de lo que está pasando con otros? ¿Cuáles deben ser mis precauciones frente a esta situación que enfrenta hoy la humanidad?
Son muchas las interrogantes que surgen al respecto. No voy a ofrecer una respuesta a cada una de ellas, y menos aún ofrecer recetas. Solo me permito, con el permiso de ustedes, ofrecerles un motivo de reflexión e invitarles a elegir lo más recomendable a seguir.
Iniciaremos señalando cuestiones que no podemos ignorar y que nos ayudan a reflexionar, para mejorar la calidad humana, y obtener así LA DIGNIDAD que nos merecemos.
En todas partes, a lo largo de la historia humana, hemos tenido agoreros, chamanes, videntes o futuristas. Todos ofreciendo imaginativas y controversiales versiones de acontecimientos por venir, los que nunca sucedieron como fueron pronosticados.
Esto, nos recuerda lo que nos narra el Profeta Daniel (Dan. 14,1-23). Por su naturaleza, los humanos siempre hemos querido saber nuestro futuro, para sentirnos”seguros”, pero se trata de un asunto que no se puede establecer con precisión. De ahí que, las predicciones acerca de sismos, cataclismos, logros, triunfos, etc. Ninguno ha sido vaticinado con exactitud. ¿Por qué? Jesucristo mismo señaló: “De aquél día y de aquella hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mt. 24,36)
Entonces, ¿Podemos creer en los agoreros? Definitivamente, ¡NO! Son solo personas que engañan y viven de las mentiras que expresan o  anuncian. Sólo Dios Padre conoce la situación para el universo, para el hombre y todo lo que existe.
Otra manera de encontrar el verdadero sentido de nuestra vida, es analizar ¿Qué pasa con los mensajes publicitarios? Estos mensajes, nos presentan argumentos para ofrecernos los beneficios y mejores estándares de vida, como el siguiente: “Solo con su tarjeta de crédito puede adquirir…. Y solo la tienen los exitosos… ¡ADQUIERA LA SUYA!”. Este es un instrumento, que tiene muchos bemoles por esclarecer.
Las entidades financieras ofrecen el uso de las tarjetas para “aligerar y aliviar” la vida, para  “proteger la economía personal”, entre otras explicaciones. Pero, no presentan con claridad los entretelones del uso de las tarjetas, como éstos: Las tasas de interés que cobran, los pagos adicionales por mora, por su uso, servicio de tarjeta, comisiones y gastos, interés crédito a financiar, redondeo, etc., y así, una serie de inimaginables ítems por pagar.
Lo más grave en cuanto a las tarjetas de crédito, es que en muchos casos, hay personas ¡Que nunca la solicitaron! Menos aún, ojo, ¡La usaron! Sin embargo, de pronto, sin haberlas pedido y ni siquiera usado, les llega a su domicilio un Estado de Cuenta, donde se consigna un rubro inesperado “Mantenimiento de Cuenta por valor de… “. Si bien es cierto, son centavos de la moneda en uso, podemos colegir que es una insignificancia; sin embargo, si consideramos un número de ciudadanos en esta condición de no uso de la tarjeta, que supere las seis (06) cifras, con dichos reportes; desde luego, ya no son centavos lo que recauda la entidad financiera,  por  algo no autorizado ni usado, sino, se trata de cientos de miles o millones de monedas que mensualmente exigen les paguen. Esta es una mala práctica de las entidades financieras.
Ahora bien, ¿Qué pasa si alguna persona se niega a pagar esos reportes? La desacreditan en el sistema financiero nacional o internacional, o le inician un juicio u otro proceso para obligarla a pagar. ¿A mérito de qué? ¡Ah! Porque como me dijo en alguna ocasión un asesor legal de un banco comercial, “… nosotros nos podemos equivocar porque somos el banco…”. Los ciudadanos no podemos equivocarnos o fallar, pero las entidades bancarias y las financieras ¡SI! Amigos, eso se conoce como ¡ROBO!
Lo que hacen las financieras con las tarjetas de crédito, es un delito que la “democracia”, el gobierno de turno, el congreso de la república, con sus omisiones o política del avestruz, avala; en buena cuenta, con el proceder de éstos últimos, son cómplices de éste atropello. La publicidad esgrimida por los medios a favor de las “tarjetas de crédito”, ¡NO ES VERAZ! ¡ES FALAZ! Una verdadera estafa pública.
Nos parece que es lógico obtener un beneficio si existe un acuerdo de las partes; pero, si no existe y solo se ejecuta por una de las partes, sin autorización de la otra. Esto es, ¡UN DELITO DE CUELLO Y CORBATA!
Jesucristo, nos enseña al respecto, tratándose del dinero y su acumulación en forma avariciosa, que una acumulación de bienes es motivo de perdición, tal como nos relata el  Evangelio de Lucas (Lc. 12,15-21) Ahora bien, si la avaricia es un pecado, esta situación es de lo más reprobable si se encuentra aunada a la estafa y al robo.
Conocemos tantas historias de gente que pasa su vida acumulando riquezas y pasa toda su vida con úlceras estomacales, con hipertensión, con vitíligo y  sin paz por cuidar y proteger sus bienes. La vida así, ¡NO ES VIDA! Talvez tenga beneficios en sus negocios, pero ¡NO ES EXITOSO Y FELIZ!
Somos testigos de la cantidad de muertes y atropellos que producen por los bienes materiales, tales como asesinatos, robos, estafas, suicidios, etc. Todos por mensajes publicitarios engañosos. Así tenemos que, también existen programas televisivos que por su temática y enfoque son instrumentos engañosos del éxito y del triunfo personal, que ya están creando perjuicios vitales como el de Ruth Talía, éste será un tema de gran reflexión a futuro.
Otra de las cuestiones que nos invitan a la reflexión, son aquellos compromisos que jamás se cumplen. Posprimeros en transgredir estos compromisos son las autoridades y representantes públicos. Cuando se encuentran en campaña política, antes de su elección, son “…los mejores hombres y mujeres”. Son muy cercanos al pueblo… hasta comen con ellos y hacen “gala” de su identificación con los más débiles.
Sin embargo, una vez electos y en el poder, o en la función pública... ¡Dejaron de ser populares! Ahora son una élite aparte, son seres de otro planeta, ya que ya no vuelven a comer de la carretilla popular, se han ido de las calles sucias y polvorientas. Sus compromisos, en su nueva situación, ¡No existen más! Ahora como nuevas autoridades, representantes o funcionarios, hacen lo mismo que ellos denunciaban como delito funcional o de corrupción. Ahora sus compromisos son incumplidos bajo las justificaciones más inverosímiles.
¿Qué hacer con esta situación?
Primero. Hacer un alto frente a lo que se nos ofrece como lo mejor para nuestra vida, sea alguna ”suerte futura” en el trabajo, el amor, los negocios o lo que sea; exigir a nuestros representantes que hemos elegido, nuestros derechos y defenderlos dentro del marco legal, y si en caso no nos atienden o defienden, ¡NUNCA MÁS ELEGIRLOS! Representantes o autoridades que incumplen no son confiables; asimismo, evaluar con mucho cuidado las ofertas publicitarias, pues no siempre son la mejor opción,  sino más bien causa de perdición.
Finalmente, en este  punto, solo podemos conocer a nuestras autoridades si compartimos la vida con ellos; como es el caso del “buen vecino”, del amigo que está siempre apoyando, colaborando, gestionando a favor de los suyos, de su comunidad y del bien común.; no es el “aparecido” de la nada, que finge ser lo que no es; por ello elijamos el mejor prospecto, conocido por su praxis, pues por los frutos se conocen lo que son (Mt. 7,20)
Segundo. Reconocer que SOMOS OBRA DE DIOS. Por ser una obra magnífica creada por Dios, tenemos y poseemos la dignidad que procede de Dios mismo. Si tomamos conciencia y nos sentimos DIGNOS, podemos saber distinguir dos cuestiones válidas: LO VERDADERO y LA NO VERDADERO. Hagamos pues, uso de los instrumentos que Dios miémonos ha entregado en el Bautismo o en la ratificación de nuestra identificación con el CREDO que profesamos,  como es el caso del DISCERNIMIENTO, es decir, distinguir lo bueno de lo malo, lo que nos produce la alegría o la tristeza, lo que es la verdad o la falsedad.
Solo las personas con dignidad no se dejan arrastrar o influir por los placebos y los placeres de la “modernidad” o de la “nueva onda” u otra nominación actual. Antes de aceptar algo, se reflexiona y luego se decide con las restricciones y observaciones pertinentes. ¡Nadie puede obligar a nadia a aceptar o hacer lo que no se desea! Si se siente obligado, ¡ES COACCIÓN!
Entonces, reconozcamos que somos la obra más maravillosa de Dios. Cada persona, en la condición que sea, en la circunstancia, experiencia, historia, lugar o tiempo que sea, ¡SOMOS ÚNICOS! Somos irremplazables, e insustituibles. Somos el arte más maravilloso de Dios. Todos somos especiales y tenemos un rol, una misión en ésta vida. Hagamos que esa misión sea conforme al Plan  de Dios, bajo los principios de ÉL. ¿Cuál es el modelo a seguir? ¡JESUCRISTO! Es por eso, que es el CAMINO, su mensaje es la VERDAD y nos enseña  comunicándonos VIDA.
Ahora, ya podemos ser capaces de elegir con mejor y mayor criterio lo que más  nos conviene para todos, no solo para nosotros personalmente. Sabemos  que es mejor EL BIEN COMÚN.
Tercero. Finalmente, si somos obra de Dios y tenemos dignidad, ¿Qué más tenemos que saber y reconocer? ¡LOMÁS IMPORTANTE! Cada persona, cada elemento, cada sustancia, cada ser vivo, cada objeto, es decir cada cosa. Todo lo que existe, vemos, sentimos y palpamos, ¡ES UN MILAGRO DE DIOS!
Entonces, ¿Cada persona es un milagro de Dios? ¡SÍ! Por ello tenemos y debemos ser conscientes, de sentirnos siempre seguros, de ¡SENTIRNOS MILAGROS DE DIOS! Para eso tenemos que decirnos y expresar con seguridad y firmeza, ¡SOY UN MILAGRO DE DIOS!
Como milagro de Dios, somos parte de la fuerza energética universal de laceración que compartimos con los otros milagros de Dios. En ese sentido, la  vida no se puede sustituir, reemplazar, comprar o alquilar; sólo se la puede compartir, ofreciendo nuestras capacidades y  potencialidades en la construcción de la felicidad de todos. No hacerlo, significa alejarnos de Dios y por ende del Plan de Dios; pues, somos un milagro en cuanto creación, pero por nuestro libre albedrío y decisión personal, no somos agentes constructores de la felicidad plena de la humanidad; en ésta condición nos convertimos en un obstáculo, un impedimento o una barrera… Todo por nuestro egoísmo o individualismo personalista.
Entonces, concluyendo, amigos como  OBRA MILAGROSA DE  DIOS, vivamos conforme el mismo Dios nos exhorta y lo hace siempre a través de su Hijo Amado, JESUCRISTO. Nos inspira a través del ESPÍRITU DE AMOR. Ahora bien, si somos capaces de vivir como Milagro de Dios, sabremos elegir y decidir bien. Hagamos pues, un esfuerzo por VIVIR CON DIGNIDAD
¡DIOS  ESTÁ A NUESTRO LADO!

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