REFLEXIONES
Carlos
A. Soto Vásquez 04/02/2013
En los últimos 25 años, se ha
establecido una consigna en determinados grupos humanos, especialmente los de
poder económico, levantar voces incendiarias o hacer fosas comunes, para
enterrar a cualquier intento por establecer siquiera como idea, el forjamiento
de una empresa pública, sean éstas de interés nacional o no.
De inmediato se las señala como
incompetentes, incapaces, burocráticas, deficitarias, obsoletas, corruptas y se
les atribuye todas las plagas y calamidades y desastres cósmicos, conocidos o
por conocer. Pero, ¿Sólo las empresas públicas tienen ese problema o
limitaciones?
En el Perú, se han tenido
experiencias desastrosas de empresas públicas; sin embargo, no se ha
profundizado a conciencia las razones por las que han sido una carga para el
Estado Peruano. A mi modesto entender, es pertinente hacer un análisis
concienzudo al respecto, el que debe fundamentarse en la estructura
empresarial, el carácter sistémico de la misma, las regulaciones normativas de
funcionamiento y operatividad de gestión, la reglamentación interna, los fines
y objetivos del quehacer de la empresa, los procedimientos gestores de
producción y de productividad, y finalmente la calidad e idoneidad del
personal.
Sucintamente, intentaremos
decir que entendemos por estructura empresarial a la organización misma de la empresa, es decir su
estructura orgánica que es la matriz orgánica de funcionamiento ejecutivo y de
control. A su vez, se concibe por carácter sistémico a la relación armónica de
todos los componentes estructurales de la empresa orientados al desarrollo y
crecimiento productivo, innovando y generando mejoras en los bienes ofertados.
Para lograr lo expresado
arriba, tenemos que considerar que se define por regulaciones normativas de
funcionamiento y de operatividad de gestión, a todos los dispositivos legales
que, contribuyen a que toda gestión empresarial sea regulada dentro de los
alcances jurídicos de una sociedad inmersa en un estado de derecho, para
establecer los alcances, las limitaciones, las regulaciones, la tributación,
las exoneraciones y todo aquello que facilite la producción de los bienes y la
conducción misma de la entidad, considerando que de por medio son personas que
producen bienes para personas. Esto significa productos de calidad óptima para
el mercado consumidor.
Entendemos por reglamentación
interna, a los dispositivos normativos que facilitan el funcionamiento de la
institución, considerando la funcionalidad de sus agentes responsables de mayor
o menor jerarquía, con los estímulos correspondientes y las sanciones
respectivas en cada caso, a fin de optimizar el rendimiento gestor de los
diferentes agentes, promoviendo la movilidad social que incentive los ascensos
en base al ingenio, creatividad y la capacidad de los agentes, por la
meritoriedad de los mismos.
En cuanto a los fines y
objetivos del quehacer de la empresa, nos referimos a la producción de bienes
terminados de alta calidad, que son de utilidad práctica en la vida humana, con
agentes de producción de calidad que ofrecen para el consumo mejores estándares
de vida, en primer lugar, y; en segundo, nos referimos a que la empresa tiene
el propósito de crecer como institución, no sólo en número de agentes productores
y productivos, sino en la capacidad de innovar el bien o servicio que se ofrece
para incrementar la rentabilidad de la empresa y la participación de utilidades
de los agentes.
En cuanto a los procedimientos
gestores de producción y de productividad, los entendemos como los métodos,
mecanismos, estrategias, que indican las modalidades de producción acordes con
el trato digno al personal que garantice su seguridad personal contra todo
riesgo de accidentes y facilite la comodidad personal para que desarrolle e
incremente sus facultades en el momento de la producción de bienes y servicios.
Por último, la calidad e
idoneidad del personal, se entiende que esto obedece a los criterios de
selección de los agentes idóneos requeridos para la producción de la empresa.
En éste sentido, se tienen que articular cuestiones de experiencia con
sapiencia, jovialidad con adultez, virilidad con feminidad, destreza y
habilidad de operatividad física con capacidad y talento de direccionalidad
ejecutiva. En todo momento se debe prescindir de las recomendaciones o
adecuaciones forzadas por presión.
Como se puede observar, no
sólo las empresas estatales tienen que ceñirse a estos patrones, sino también
las empresas privadas. Si ejecutáramos una evaluación y estableciéramos un
premio de la importancia del Nóbel a estándares altos y elevados en todos los
aspectos básicos ya anotados, probablemente ni siquiera las empresas privadas,
con todos sus logros y defensas extremas que las elitizan y beatifican los
grupos económicos, ya mencionados, tendríamos premiados o tipificados como
empresas modelos.
La razón de lo que nos mueve
esta reflexión, está en que se trata de enfoques, de manejo sistémico y
estructural. Veamos, nuestro punto de partida será sin distingo entre empresa
pública o privada. Nos limitaremos a considerar lo existente, en base a la
naturaleza humana existente y tomando en cuenta que algunas empresas son
exitosas en su producción y han alcanzado un nivel óptimo en ventas; pero, ¡No
son una panacea! Aquí algunos ejemplos:
Aquí algunos ejemplos: Bien
sabemos que por naturaleza el ser humano tiende a evadir responsabilidades,
como evitar el pago de deudas o retrasarlas al máximo, evade el pago de
tributos, de igual manera es proclive a no efectuar el pago de utilidades, procura pagar el
salario más pequeño o mínimo posible, etc. Por este motivo, ¿Podemos afirmar
que en el caso de las empresas privadas, TODAS son irresponsables con sus
compromisos? No, definitivamente no todas adolecen de estos lastres.
Creemos, sin embargo, que
existe un gran porcentaje de empresas que buscan pretextos en el contexto
legal, evadir sus obligaciones tributarias. Si solicitamos los reportes de la SUNAT , para verificar la
situación de reportes tributarios y la cancelación de sus deudas, el porcentaje
es significativo en relación a las empresas privadas. Esta situación, no es
suficiente para satanizarlas y afirmar que no son un buen modelo empresarial.
Por otro lado, como hemos
dicho, generalmente las empresas privadas son las que tienen el índice de
sueldos y salarios más bajos en relación a los estándares mínimos exigidos por
las NN.UU., para que los trabajadores puedan vivir con dignidad. Esto es,
trabajo – dignidad humana.
Para el empresario privado,
siempre busca reducir costos con el propósito del logro de mayor utilidad. ¿Eso
las hace mejores empresas que las de carácter público?
Algunas empresas privadas en
su política de reducción de costos, promueven el sobre tiempo entre sus
trabajadores. Esto es una constante, pero en realidad no pagan una remuneración
acorde exigida por ley, dado que se les asigna solo un porcentaje y en realidad
no doblan el valor de la hora/hombre en su actividad productiva. ¿Todas las
empresas privadas tienen este comportamiento? ¡No! No todas tienen políticas de
trabajo esclavistas.
Finalmente, observamos que
dentro de las empresas privadas, se hace uso de personal y máquinas o equipos
tecnológicos en el proceso productivo. En reiteradas ocasiones los equipos o
máquinas fallan o se deterioran; en este caso el empresario recurre a los
especialistas o técnicos para superar el deterioro. Cuando faltan los repuestos
requeridos es el trabajador con su ingenio, su creatividad por su intimidad y
manejo constante con dichos equipos o máquinas que se familiariza y de tal
conocimiento obtiene resultados favorables que logra superar el deterioro o la
inacción de la máquina o equipo. En éstas circunstancias, ¿Reconoce el
empresario tal aporte con algún estímulo o retribución? Generalmente, no se da
por aludido. ¿Estimula éste ingenio ofreciéndole algún curso o implementación
académica o instructiva formal para que mejore y rinda más ese trabajador? La
inversión empresarial en capacitación es casi nula, tampoco invierte en
investigación y mejoramiento de la
calidad productiva.
En éstas circunstancias,
podemos afirmar que las empresas privadas son un oprobio. Me parece que sería
insensato e irresponsable aseverarlo.
Ahora bien, las empresas
públicas, difieren de las empresas privadas, en un asunto que trae consigo
taras que las destruyen, por lo que necesitan ser normadas con mucho rigor, a
fin de proteger las fuentes de financiamiento, los recursos públicos que
pertenecen al Estado. Por lo general, las autoridades de turno, utilizan a las
empresas públicas para “pagar los favores políticos” o resolver la “oferta de
nuevos puestos de trabajo”, es lo que hace que las empresas públicas sean
ineficientes y un botadero económico, porque sus niveles de producción y de
productividad, fundados en la “recomendación”, las hace caños malogrados; como
no se sanciona los delitos y la corrupción como corresponde, estas empresas son
de muy mala calidad. Es preciso recordar que el Estado lo hacen todos los
ciudadanos de un país, sean parte de la población económicamente activa o no,
porque todos tributan, porque todos consumen productos básicos como alimentos y
servicios elementales.
Por eso, si
deseamos tener los mejores criterios y estándares nacionales y macroregionales en
materia empresarial, es de suma importancia hallar puntos de coincidencia que
establezcan políticas empresariales con mejores estándares de funcionamiento y
de gestión que no involucren los vicios conocidos en el sistema y la estructura
orgánica de las empresas, sean públicas o privadas.
El logro de estos
estándares, supone realizar una revisión exhaustiva de los criterios de
selección de personal, sea para puestos de responsabilidad de gestión y
ejecución funcional, como los de producción. Es pertinente considerar el
ingreso, a través de un concurso público, utilizando un equipo evaluador
multidisciplinario ajeno a la empresa en sí, y el contrato es condicional
basado en una pasantía práctica de ejecución de duración corta en la que se
evidencie la calidad y eficiencia del trabajador. Esto significa, que no es
suficiente tener los conocimientos teóricos, sino que es importante tener
también la capacidad de ejecución, la experiencia y la creatividad e ingenio
para dar muestras de la idoneidad del personal que hará que la empresa sea del
más alto nivel, como se requiere, por el nivel de competitividad que exigen los
tiempos actuales.
Por tanto, es
necesario revisar más concienzudamente los criterios en materia empresarial
para mejorar los estándares, especialmente de las empresas públicas, a fin de
que no se vean como instituciones de fracaso económico. Recordemos que en el
presente casi no existen empresas públicas en el Perú; sin embargo, vemos y
somos testigos que los principales servicios públicos están en manos privadas,
pero las quejas de ineficiencia, incapacidad, de vulneración de derechos del
consumidor y de evasión tributaria, son una cotidianidad, entonces, ¿Existen
diferencias abismales entre las empresas públicas y las empresas privadas en
cuanto a eficiencia? Definitivamente, ¡No! Por consiguiente, el estribillo del NO
A LA EMPRESA PÚBLICA ,
tiene que ser dejado de lado, por
mejores referentes y criterios empresariales, que todavía no tenemos en el Perú. No hago
alusión a ninguna empresa en particular, pero son bastante conocidas en su
desenvolvimiento, especialmente la gran empresa y las transnacionales que
operan en el país
Hagamos empresa
sin comparaciones infantiles, muy propia de los latinos, que no saben esgrimir
argumentos sólidos para promover sus predios; más bien, actuemos con la madurez
que exige la evolución y el desarrollo integral de los estándares, establecidos
en nuestras empresas, que demuestren que poseemos tecnología de punta y un alto
nivel de desarrollo por el despliegue integral de nuestras empresas nacionales
que denoten ser competitivas con cualquier empresa del orbe.
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